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ECOMANÍA #29

Marzo 2016

EDITORIAL
Lucila Peró
Co-fundadora y Co-directora Revista Ecomanía

Hace poco mi mejor amiga viajó por Australia, Nueva Zelanda y Tasmania. Y yo me transporté con ella a través de sus fotos compartidas en las redes. Paisajes remotos y playas paradisíacas. Canguros y koalas. "¿Estuviste con koalas?", le pregunté vía Whastapp una noche de insomnio en la que nos encontramos gracias a la diferencia horaria. "¡Sí! ¡No podía más de alegría! ¡Fuimos a una reserva en donde los recuperan para reinsertarlos! Al principio no entendía por qué un animalito así está en peligro de extinción, si no lo cazan por su piel ni su carne. Y me explicaron que de las 1.000 especies de Eucaliptos que existen, el koala sólo come las hojas de 30. ¡Les talan los bosques y se quedan sin comida! ¡Se mueren de hambre! La 'fuckin' humanidad..."

Los koalas se encuentran en peligro debido a la deforestación. Los osos polares son hace tiempo un ícono de las víctimas afectadas por la pérdida de hábitat debido al cambio climático. Las tortugas marinas se ven amenazadas por la pesca ilimitada, así como por el aumento del nivel de los mares y la cantidad de deshechos que hay en ellos. Los gorilas están desapareciendo cruelmente en el Congo, Uganda y Ruanda debido a la caza furtiva. Y un caso más cercano, es el yaguareté. Hoy sólo quedan 200 ejemplares de esta especie en el norte de nuestro país.

Las especies en peligro de extinción son el eslabón más débil de un equilibrio que se ha quebrado hace tiempo. Hablar de ellas, como lo hacemos en esta edición, es poner de manifiesto las grandes amenazas que representamos los seres humanos y que, a la vez, enfrentamos.

¿Qué estamos esperando? Es tiempo de ir al rescate de nuestra animalidad, al rescate de aquellos valores que podemos rescatar de otras especies. Los animales no consumen más de lo que necesitan. Los animales no destruyen aquello que les provee alimento o refugio. Los animales no generan basura. Los animales forman parte de un círculo virtuoso y perfectamente equilibrado.

Cambio climático, aumento de las temperaturas y el nivel del mar, deforestación... son consecuencia de nuestro propio accionar como especie y podrían ser causa de nuestra propia extinción también. Esta alarma está sonando para todos nosotros. Ya no se trata simplemente de empatizar con la crisis de otras especies. Se trata de entender que es nuestra propia supervivencia la que está en crisis.