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ECOMANÍA#41

Mayo 2018

EDITORIAL
LUCILA PERÓ
COFUNDADORA DE ECOMANÍA

TIEMPO Y ESCALA

“El techo de una ONG es el piso de una empresa”, escuché hace varios años, tantos que ya no recuerdo a quién atribuirle esta frase, así que le pido disculpas al autor por no citarlo en esta oportunidad. Poco después entendí que dos pequeñas palabras marcaban una gran diferencia: tiempo y escala.

Tiempo, porque a esa altura comprendí que los grandes desafíos que enfrentamos como sociedad en el largo plazo no serían resueltos gracias a la filantropía. Escala, porque en un mundo habitado por más de 7000 millones de habitantes y atravesado por metas urgentes, que van desde erradicar la pobreza y el hambre hasta impulsar formas de producción y consumo responsables, ésta es casi una condición ineludible a la hora de idear soluciones.

Esta visión, compartida por una generación de emprendedores y aceleradoras locales, es la que dio formación hace más o menos una década a un ecosistema de emprendimientos de triple impacto, que vienen demostrando en la práctica que ofrecer productos o servicios que brindan soluciones a problemáticas sociales y ambientales, puede ser también un negocio sostenible y escalable.

Este conjunto de emprendedores, que han sabido persistir en contextos de lo más adversos, confluye actualmente con un nuevo perfil de inversores que además de valorar el retorno están demostrando tener una intención de mejorar la realidad. Que el capital se comience a alinear con este tipo de negocios para darles impulso y escala, da esperanzas de que el mundo financiero, tan asociado a la especulación y las crisis, pueda empezar a ser pensado hoy como una herramienta de cambio positivo.

Todavía estamos ante un fenómeno de nicho, sí. Pero ¿qué cambio paradigmático no comenzó con unos pocos que se animaron a ver y hacer las cosas de manera diferente?

Todo parece indicar que la inversión de impacto llegó para quedarse en la Argentina. Hoy ya vemos reunidos en una misma mesa de trabajo a emprendedores y empresarios, grandes bancos y fondos de inversión, y esto nos permite vislumbrar un nuevo paradigma de negocios que, acompañado de vientos de cambio en lo regulatorio y fiscal, sin dudas no tienen techo.