Interés General

Inversiones de impacto para dar vuelta la realidad

26 de Mayo, 2018 | por Lula Moreno
¿Pueden las finanzas mejorar el mundo? Acostumbrados a asociar al sector financiero con la especulación, la desconfianza y el beneficio económico, no imaginamos el potencial que tiene para contribuir al desarrollo sustentable. ¿Y si invertimos nuestro pensamiento y empezamos a ver que el dinero puede transformar positivamente la realidad? Conocé qué son las inversiones de impacto y cómo están generando un cambio de paradigma.

“Toda inversión de impacto tiene una triple dimensión: social, ambiental y económica”, señala María Laura Tinelli, directora de Acrux Partners, una consultora de inversión de impacto con foco en América del Sur. “Este tipo de inversión busca retorno financiero para que haya sostenibilidad, pero además un impacto ambiental y social. A su vez, tiene que poder demostrar y reportar la intención con el mismo rigor que reporta las cuestiones financieras. Retorno financiero, ambiental y social e intención demostrable se combinan en una inversión de impacto”.

Imaginemos una línea que va de izquierda a derecha. En un extremo se ubican las inversiones tradicionales, a las que solo les importa el retorno financiero. En el otro extremo, encontramos a la filantropía, donde prima el beneficio social y las ganancias no cuentan. En el medio está la inversión de impacto que, además de buscar retorno financiero, quiere ser sostenible en lo social y ambiental.

Cada inversión va a dar un rendimiento diferente, de acuerdo al negocio en el que destina sus fondos. “Hay que lograr un retorno balanceado, llevando estas tres dimensiones de la mano. Siempre que miramos y hablamos de inversión de impacto es fundamental tener en cuenta la intención. No solo se busca mitigar el riesgo y tratar de generar oportunidades, sino que hay una intención de mostrar de manera clara y reportable un impacto social o ambiental determinado”.

Los orígenes del cambio en el sector

Hace más de 15 años que el mundo habla de inversión de impacto, sin embargo su presencia en Latinoamérica es relativamente nueva. Luego de la caída del Lehman Brothers en el año 2008, el cuarto banco de inversión más grande de Estados Unidos, se aceleró el proceso de cambio que se venía produciendo en el sector financiero. Este acontecimiento significó la última crisis financiera mundial.

El contexto era complejo. Los gobiernos salieron a “salvar” a los bancos con plata de los impuestos de los ciudadanos y la sociedad empezó a presionar a los gobiernos para que fiscalizaran y dieran cuenta de qué se hacía con ese dinero. A su vez, exigieron a los bancos saber cuál era el destino de las inversiones de los ahorristas o de los sistemas de pensión. Hasta ese momento se tenía poca consideración del impacto ambiental y social que esos fondos generaban.

A partir de ahí, se produjo un viraje hacia el desarrollo de otro tipo de inversiones que, además de mirar el retorno económico, comenzaron a focalizarse en el impacto ambiental, social y de transparencia en el gobierno corporativo.

Uno de los países pioneros en empujar este movimiento fue Inglaterra, que en el 2000 creó los Grupos de Trabajo (Task Force) en Inversión de Impacto. El éxito de estos grupos fue tal que, en el 2013, se creó el Grupo de Trabajo del G8 para la Inversión de Impacto Social. Allí se reunieron funcionarios de gobierno y altos directivos del mundo de las finanzas, los negocios y la filantropía con el fin de desarrollar el mercado de inversión de impacto. En 2015, el Grupo de Trabajo se abrió más allá de los miembros del G8. Actualmente cuenta con la representación de 13 países, más los de la Unión Europea.

Una presión de abajo hacia arriba

No solo la crisis financiera posicionó el tema, la inversión de impacto también tiene su origen en la demanda social y en un nuevo ecosistema de empresas, proyectos, organizaciones e inversores a los que les interesa crecer económicamente pero con un propósito.

“Hay una presión que viene de abajo hacia arriba, empujada por los millenials. Son personas con una mirada atenta a la manera en que se consume, están cada vez más informados y aprueban o castigan ciertos productos y servicios de empresas a partir del daño que generan en el ambiente o la sociedad. Por el otro, hay un empuje de esta nueva generación que heredó las fortunas de familias de alta renta y se hacen cargo de los negocios familiares, pero lo hacen con otra cabeza e intención”, explica María Laura Tinelli.

Ese empuje de abajo hacia arriba se complementa con uno de arriba hacia abajo, impulsado por los fondos institucionales y fondos de pensión que han dado los primeros pasos en exigirle a las compañías que den cuenta del impacto de su inversión.

Una oportunidad para la región

“El retorno financiero de este tipo de inversiones es muy variado, depende el destino del fondo. Pero un promedio de retorno para países emergentes o con economías más formadas es alrededor de un 8%”, explica la directora de Acrux Partners.

En la actualidad, representa unos USD 114.000 millones en activos, tanto administrados como con intención de ser invertidos de esta manera. En este contexto, América Latina ocupa el cuarto lugar entre los destinos más atractivos para invertir.

Con la premisa de que los negocios también pueden ser agentes de transformación social positiva, ya existen en la región varios fondos privados de inversión de impacto y también algunas herramientas de financiamiento, como los bonos de impacto social y los bonos verdes.

Los fondos invertidos en la región se concentran en empresas de base tecnológica, que permiten un mayor alcance y brindan servicios a personas de bajos recursos, pero con escala. Muchos apuntan al financiamiento a través de los microcréditos, el acceso a la telemedicina y apoyo a la educación con foco en la tecnología. Además, encontramos fondos que invierten en el acceso y la construcción de viviendas para la clase media emergente. Y los hay de capital privado, que están migrando hacia la inversión en empresas de bioplástico, reciclaje y construcción sostenible.

En este sentido, las microfinanzas han sido el gran motor de surgimiento de la inversión de impacto en América Latina. Un ejemplo es Pro Mujer, una de las organizaciones más destacadas de desarrollo y microfinanzas para mujeres en América Latina. “Trabajamos en el acceso a financiamiento de mujeres en situación de vulnerabilidad, bajo la modalidad de banca comunal, generando un impacto social enorme”, cuenta Carmen Correa, Directora de Alianzas. “También vemos oportunidades para aquellas mujeres que logran seguir creciendo, desarrollándose y necesitan de otro tipo de crédito o financiamiento. Por eso, buscamos la posibilidad de alcanzar créditos individuales, desarrollar o acceder a fondos que les permitan contar con un capital mucho más flexible. Nos interesa adentrarnos en nuevos instrumentos que se vienen desarrollando en el marco de la inversión de impacto: los bonos de impacto social, por ejemplo”.

Otra herramienta de financiamiento son los bonos verdes. Recientemente, Banco Galicia de Argentina lanzó el primer bono de estas características en el país. Se trata de un título de deuda destinado a proyectos o actividades que ayudan a combatir el cambio climático. Constanza Gorleri, Gerente de Sustentabilidad de Banco Galicia, explica por qué esta iniciativa es una excelente oportunidad para la región. “Este tipo financiamiento se estructura en torno a tres destinos principales: generación de energías renovables, reconversión energética e infraestructura ecológica. Según el Instituto Internacional de Finanzas (IIF), en el 2017 hubo un récord en emisión de bonos verdes, de los cuales un tercio provino de economías emergentes. En esta línea, la Corporación Financiera Internacional (IFC) estima que hasta 2030 se conocerán oportunidades de inversión en las economías emergentes que apunten a las finanzas verdes por u$s 23 billones”.

Estos bonos verdes tendrán como estrategia financiar proyectos con impacto significativo que estimulen el crecimiento económico, la innovación y la creación de empleo. “Los sectores prioritarios son la agroindustria, la infraestructura y las energías renovables, la producción competitiva, el refuerzo de la financiación a largo plazo de empresas, incluidas las pequeñas y medianas empresas, y el ayudar a mejorar el clima de inversión para la creación de empresas y el crecimiento de las PYMES”, detalla Gorleri.

Crear un marco para la inversión

La inversión de impacto está en expansión y es un tema de creciente interés que reúne a diversos actores. Tal es así que en el 2016 se formó el Grupo de trabajo de inversión de impacto Cono Sur, impulsado por integrantes del sector financiero, corporativo, organizaciones de la sociedad civil, academia y empresas de triple impacto con el objetivo de consolidar el desarrollo del mercado de inversión de impacto en Argentina, Paraguay y Uruguay.

Los desafíos que se plantean son ambiciosos pero alcanzables. Desde el Grupo trabajan para lograr un marco fiscal y regulatorio actualizado que facilite tanto el crecimiento de inversiones y empresas, como las donaciones a compañías de impacto o filantropía; un mercado de capital emprendedor y privado más desarrollado; el aumento de las inversiones internacionales hacia el país; la inclusión de la consideración del impacto ambiental, social y de transparencia en el gobierno corporativo como parte del deber fiduciario de los fondos de inversión y pensión del país, entre otros objetivos.

¿Pueden las finanzas cambiar el mundo? Son muchas las personas que apuestan y creen que el mundo puede ser más sustentable de la mano de las finanzas. Para lograrlo, es necesario el esfuerzo conjunto y coordinado para impulsar los cambios estructurales, regulatorios y fiscales que hagan de la inversión de impacto un instrumento para mejorar la realidad.


 


NOTAS RELACIONADAS

Comentarios