Arquitectura

Construir con tierra: de lo global a lo local

02 de Julio, 2018 | por ARQ. ALEJANDRO FERREIRO COMITÉ DE SOSTENIBILIDAD DE FADU – UDELAR (URUGUAY)
Históricamente, la construcción que utilizaba tierra y otros materiales naturales para su ejecución se adecuaba a las condicionantes del lugar. Hoy, esta tecnología constructiva es revisitada y se presenta como una respuesta coherente en el nuevo escenario de la sostenibilidad.
Vivienda en Villa La Angostura (Argentina). Técnica: adobe y técnicas mixtas. Proyecto: Arq. Marco Aresta y Arq. Giluia Scialpi (2012). Foto: G. Scialpi.

La tierra resurgió como material constructivo y queda atrás su asociación con la precariedad. Tanto sus aspectos ambientales -poca energía incorporada para la construcción, capacidad de regular temperatura y humedad interior de los espacios-, como sus aspectos sociales y económicos –la promoción de la cohesión social y la transmisión de saberes populares, el estímulo a actividades locales y la optimización de recursos- permiten clasificarlas como sostenibles.

En este contexto se ubica como una tecnología dentro de la bioconstrucción, denominación bastante habitual cuando se habla de este tema, aunque ese término refiere a toda construcción que utilice materiales naturales con bajo grado de transformación, como la madera, las fibras vegetales o los pétreos. También se la denomina genéricamente como construcción con barro, pero no siempre se usa tierra y agua hasta alcanzar una mezcla barrosa, ya que según la cantidad de agua incorporada se pueden obtener resultados distintos.

Es aquí donde se abre el amplio abanico de técnicas constructivas. En el caso de la tapia, la tierra se usa en estado húmedo, con poca agua, y se la compacta dentro de un encofrado para levantar muros monolíticos. Si nos referimos al adobe, se moldean los bloques a partir de una mezcla de tierra en estado plástico y se los deja secar antes de ser usados. Y en el caso de la tierra alivianada, se combina gran cantidad de fibras de paja con tierra arcillosa en estado líquido, tanto para ser apisonada como para producir bloques o rellenar tramas de madera. Estas técnicas pueden recibir distintos nombres en español: fajina en Uruguay, quincha en Argentina, Chile y Perú o bahareque en América Central.

Este aprendizaje llevó cientos de años al ser humano, a partir del ensayo y el error, y hoy se complementa con información científica que apoya y reconoce el conocimiento empírico.

Existen doce técnicas básicas, identificadas por CraTerre (Francia) que se repiten en todo el mundo, adaptadas en cada región a sus propias condiciones, dando así lugar a variantes que enriquecen las culturas constructivas locales.


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