Cultura

Un faro en la oscuridad

02 de Julio, 2018 | por Inés Roy, voluntaria de Ecomanía
En la ciudad de San Carlos de Bariloche, Argentina, funciona un taller de herrería para jóvenes y niños provenientes de familias en situación de vulnerabilidad social y de calle. Un espacio donde conviven el arte, el reciclaje y la transformación social.
Fotos: Nicolás Parera

“Todo empezó en un taller enseñándoles a soldar a chicos y jóvenes, mostrándoles cómo usar herramientas y ayudándolos a despertar la creatividad”, cuenta David Varano, diseñador de profesión e impulsor de la iniciativa surgida en 2014.

Varano se propuso compartir nociones básicas de soldadura y trabajo artístico con metales de descarte. Así nació “Herreros de la luz”, un taller que convoca a gran cantidad de personas que reciclan metales, y motivados por el arte, producen esculturas y aprenden un oficio.

El espacio funciona en el “Barrio 270 viviendas”, en un galpón abandonado que el propio Varano reacondicionó para instalar el taller y desarrollar su actividad pedagógica. Al principio, el lugar se sostuvo solo a base de trabajo y esfuerzo personal. Luego, recibió reconocimiento municipal. Con el tiempo, el grupo logró consolidarse y fue entonces que les cedieron un puesto permanente en la Feria Artesanal Municipal, donde los herreros exponen y venden sus obras.

La iniciativa no solo busca socializar conocimientos y saberes, sino también ofrecer un espacio de contención social, donde se llevan a cabo tareas que apuntan a la expresión artística y la creatividad. A su vez, fomentar la formación de un colectivo juvenil comprometido con el aprendizaje, la toma de conciencia y las posibilidades de un trabajo digno.

“Los chicos hablaban de valores verdaderos, de la unión de las personas y de cómo transformar la realidad con nuestros actos. Fue como un despertar de la conciencia. Empezaron a juntar desechos y el arte los transformó en esculturas y cosas útiles. Se creó un vínculo entre ellos, entonces planteé ayudar a otros. La propuesta fue ser faros en este mar de incertidumbre en el que muchos están a oscuras sin encontrar una salida que los ayude a creer en algo bueno”, explica David.

En pocos años, gracias a su coordinación y la disposición de sus propias herramientas, el espacio se convirtió en una obra concreta de acción comunitaria, con grandes oportunidades para desenvolverse y expandir su experiencia a otros barrios vulnerados del país. “Varios jóvenes están creando esculturas con la basura que pisaron toda su vida en sus barrios y generando ingresos económicos con la comercialización de esas obras”.

Convencido del potencial del proyecto y firme en sus convicciones de transformar la realidad a través del arte, el trabajo y la educación, David logró un convenio de cooperación interinstitucional con la Universidad Nacional de Río Negro. A través de este acuerdo, los jóvenes provenientes de barrios vulnerados que asisten a “Herreros de la luz” obtienen un título en arte y oficios expedido por la universidad.

Pero hay más. Mediante una serie de alianzas con distintos hoteles de la ciudad de Bariloche, se logró que las obras del taller sean exhibidas y comercializadas en esos hoteles.

Herreros de la luz crece día a día y ahora se enfrenta a un importante desafío. Recientemente firmaron un contrato de comodato por el cual la municipalidad local les otorgó un terreno de 1.000 m2, por un período de 20 años, para la construcción de un multiespacio que cumplirá la función de taller-escuela. Allí se potenciará el alcance de la organización, ya que más personas tendrán la posibilidad de transformar sus vidas. Será un espacio que servirá para charlas, eventos, visitas de escuelas y universidades, con el fin de transmitir experiencias, generar conciencia y acción.


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