Interés General

El movimiento wwoofing

26 de Septiembre, 2018 | por Dafna Nudelman
“No hay tierras extrañas. Quien viaja es el único extraño”, dice Robert Louis Stevenson, y quizás sea así como deberíamos interpelarnos a nosotros mismos como viajeros cuando hablamos de experiencias de ecoturismo. Somos extraños en otras tierras, nos corresponde respetar el lugar, su gente, sus costumbres.

Si visitar, observar, sacar fotos y volver es la forma tradicional de viajar, las movidas de ecoturismo van un poco más allá. Nos invitan a tener una experiencia consciente, interactiva y participativa, en la que podamos ser más que visitantes, protagonistas. En este sentido, algunas propuestas de ecoturismo nos plantean salir de ese lugar pasivo de espectador, agarrar la pala y trabajar.

La idea es viajar por el mundo trabajando en granjas a cambio de alojamiento y comida. Esta modalidad, que se inició en Inglaterra en los años 70, se denomina WWOOF-ing (World Wide Opportunities on Organic Farms, es decir, "oportunidades de voluntariado alrededor del mundo en granjas orgánicas"). Tiene locaciones y adeptos en todo el mundo, que viajan y conocen aldeas de permacultura, granjas o bosques, mientras trabajan como voluntarios para mejorar, enriquecer y preservar el lugar.

Los wwoofers cumplen jornadas de entre cuatro y seis horas por día en contacto con la naturaleza, aprendiendo-haciendo desde agroecología hasta construcción sustentable y cocina, conociendo de primera mano las tradiciones y costumbres locales. Terminada la jornada, pueden disfrutar y descubrir lo mejor que tiene para ofrecer el lugar.

Hay oportunidades para todos los gustos: los amantes del vino pueden ser parte de la cosecha de uvas en la Toscana, Italia; los aficionados a los deportes acuáticos, surfear luego de cuidar cabras en Portugal o, los apasionados por la botánica, viajar a Polinia a aprender los secretos de la conservación de raras orquídeas.

También hay opciones para quienes buscan más historia, contacto social y cultural. Por ejemplo, luego de la guerra de Yugoslavia, una ONG en Croacia organizó su propia huerta y desde entonces convoca voluntarios para trabajar con niños huérfanos o refugiados, acompañándolos en actividades terapéuticas, como jardinería o andar a caballo.

Cada experiencia de wwoofing es singular, tanto por el lugar como por el viajero, y ciertamente no es una opción para quienes buscan hacer turismo urbano. Aunque en principio pareciera que el ecoturismo en ciudades es un oxímoron imposible, no tenemos que olvidarnos de que el turismo responsable está más en nosotros que en el lugar al que visitamos. Se trata de la concepción y la forma de acercarnos, consciente y activamente al destino que queremos conocer, prestar atención a la huella que estamos dejando detrás de nuestra visita, procurando que sea un impacto positivo, en la economía, en las personas y en el ambiente.

Si querés vivir una experiencia distinta ingresá en wwoofinternational.org y conocé las granjas donde ser voluntario.


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