Interés General

Cuando la basura es arte

11 de Octubre, 2018 | por Analía Flores
El arte transforma vidas y también objetos. En cada compra o adquisición de un bien hay una disposición final. ¿Acaso nos preguntamos qué haremos cuando eso ya no nos sirva, no lo queramos, lo tiremos? El sistema actual de consumo está pensado para descartar. Felizmente, hay personas sensibles que en ese descarte no ven basura sino materiales. Ellos son los artistas y en sus manos está el poder de dar vida y crear nuevas formas.
Drap Art 17, Buenos Aires, Argentina

Pilas de diarios y revistas viejas, CDs que ya no se usan, tapitas y botellas de plástico, restos de madera y chapas oxidadas: todos potenciales insumos para quienes en cada descarte, en cada "cosito del cosito", ven un elemento para desarrollar su obra. Así, lo que para muchos es basura, para otros es materia prima para crear objetos con valor. Esta tendencia artística es conocida como upcycling art y consiste en darle una nueva oportunidad a elementos que sueltos no serían más que basura. Claro que es indispensable una mirada y trabajo creativo para poder transformar los residuos en obras artísticas. Más allá de que cada creación exprese su propio mensaje, en todas subyace una idea más profunda: la crítica a la sociedad del "consuma y tire".

Hacer arte a partir de descartes no es algo nuevo. En Europa, a principios de los 90, una extensa comunidad de artistas, diseñadores y artesanos utilizaban materiales de desecho en su obra, se sentían afines con movimientos artísticos anteriores, como Fluxus o el Arte Povera y ya habían expresado su desconcierto ante los excesos de la sociedad de consumo del siglo XX. “Fue en este contexto que vimos la necesidad de generar una plataforma que los juntara, diera a conocer su trabajo al público y creara conciencia sobre nuestro destino como sociedad si seguíamos inmersos en el exceso de consumo y la mala gestión de nuestros recursos”, explica Tanja Grass, fundadora y directora de Drap Art, una asociación que nació en Barcelona, en 1995, para responder a estas demandas.

Los artistas que deciden crear a partir de descartes lo hacen por cuestiones ecológicas, políticas y sociales. Más allá de la elección de cada uno, hay un suelo común en las obras y es la invitación a reflexionar sobre el sistema económico y el consumo. El mensaje es urgente: nuestra actual forma de vivir no es sostenible y es el arte una herramienta válida de acción y transformación, un canal para expresarle al mundo que así no podemos seguir, que algo tenemos que hacer. “Los hábitos de usar y tirar deben reconducirse hacia la conciencia de que nada desaparece, todo se transforma. Por eso, desde Drap Art ponemos en juego la perspectiva de creadores de diversas disciplinas y nacionalidades con el objetivo de dibujar respuestas colectivas y compartidas hacia un desarrollo más sostenible”, manifiesta Tanja Grass.

Cómo es crear a partir de desechos

Chapas que se vuelven criaturas vivientes, miles de cuentas de colores que dan vida a un rostro humano, plásticos trabajados que se convierten en un mural, un ensamblaje de objetos en desuso se transforma en una obra de arte. A la hora de crear, la imaginación parece no tener límites y los resultados finales son fascinantes.

Los artistas, ávidos recolectores urbanos, ven en cada pieza un tesoro y una historia por contar. Entre los materiales más usados está el plástico y los desechos electrónicos porque son los que más abundan y por el significado social que tienen. La madera y los metales, por ser materiales nobles, también son muy buscados. “Actualmente estamos volcados en los plásticos ya que de los 10,5 millones de toneladas de residuos que entran cada año en nuestros mares, el 85% es plástico. ¡La cifra es alarmante! Para 2050 las aguas estarán más pobladas de plásticos que de peces y hay cientos de especies que están amenazadas por la contaminación”, explica la directora de Drap Art.

Edgardo Rodríguez es artista plástico, arquitecto y uno de los primeros en Argentina en reutilizar materiales de descarte y convertirlos en objetos con valor. “Antes de deshacerme de algo siempre evalué si podía darle un uso más. Una vez encontré un bidón de agua de plástico y comencé a pintarlo. Quedé fascinado con su transparencia, con el reflejo de la luz y sentí que tenía que investigar ese recurso. Aquel día comprendí que mi presente y futuro se iba a desarrollar sobre superficies que no eran las tradicionales del arte".

A diferencia de Edgardo Rodríguez, Elisa Insúa, artista plástica y economista argentina, cuenta que no tenía la pretensión de ser artista, ni de exponer sus trabajos, ni de vivir del arte. “Comencé a trabajar con material de descarte hace ya doce años. Lo hice siguiendo una necesidad irrefrenable de crear. Hacía obras con objetos que encontraba en mi casa, en la calle o me daban mis amigos. Era algo que hacía para mí, siguiendo un impulso ciego pero fuerte. Con el paso del tiempo me di cuenta de lo que significaban aquellas piezas, lo que tenían para decir y el mensaje que se formaba cuando las acumulaba en enormes cantidades. Entonces, decidí construir un concepto a partir del material”.

Los componentes se obtienen de diversas maneras: algunos artistas los recolectan directamente de la calle, otros reciben donaciones, tal es el caso de Elisa Insúa. “Trabajo con objetos que tienen una historia, que fueron diseñados en algún lado, fabricados quizás en otro e incluso ensamblados en un tercer lugar. Cada obra reúne miles de historias juntando una carga emotiva fuerte. Mis piezas se transforman en creaciones colaborativas donde hay miles de personas implicadas y reflejadas”.

Otro representante latinoamericano de esta tendencia es Javier Abdalá, escultor uruguayo y docente de Bellas Artes, a quien reutilizar materiales le genera una enorme felicidad porque es una forma de resignificarlos y darles otra vida. "Uso elementos que encuentro en la calle: latas, cubiertas de auto, botellas, cosas viejas. Hasta llegué a reutilizar un monopatín. Para mí todas las piezas son tesoritos porque hay objetos que fueron hechos para un fin y en la obra adquieren otro sentido. Es increíble cómo estos materiales sacados de su contexto, el de ser basura, pueden transformarse en una obra de arte y adquirir nueva vida siendo reutilizados. Y para mí tienen el mismo valor artístico y estético que una pintura".

 ¿Puede el arte transformar el mundo?

Existen diversas maneras de trabajar por un mundo más justo y sustentable para todos. Hay quienes deciden hacerlo desde la educación, la política o la economía; un voluntariado o la asistencia, una empresa social o una ONG. Y también están los que encuentran en el arte un medio de expresión para generar conciencia.

Cuando Edgardo Rodríguez comenzó a trabajar con materiales de descarte, lo primero que pensó fue en la responsabilidad que tenía como artista de colaborar en la transmisión del mensaje sobre el cuidado de los recursos y el respeto por nuestro planeta. “Desde siempre el arte ocupó y ocupará espacios de protesta y denuncia a través de los tiempos. El principal problema que enfrentamos es el de entender que cuando compramos un producto nos pertenece en su totalidad, la responsabilidad recae en el comportamiento posconsumo. El arte puede educar y generar conciencia ambiental, como también lo hace en temas relacionados con problemáticas sociales”.

Elisa Insúa explica que hay un hilo conductor en la mayoría de sus obras: poner en tela de juicio el principio básico de la economía que dice que cuanto más tengamos mejor. “¿Hasta qué punto más es más? El sistema económico, político y social en el que vivimos nos lleva a actuar de forma individualista y cortoplacista. Considero que entre todos deberíamos cambiar las reglas del juego para favorecer un comportamiento más responsable, justo y colaborativo. Somos los artífices y las víctimas de este sistema y uno de los objetivos de mi trabajo es abrir el diálogo sobre cómo podemos mejorarlo”.

Resulta paradójico pensar cómo los seres humanos somos capaces de crear, producir arte, darle nueva vida a los objetos y, al mismo tiempo, generar basura y contaminar sin medir las consecuencias. “Hasta principios del siglo XX la basura no existía, a todo se le daba un segundo uso: los desechos alimentarios servían para dar de comer a los animales, el mobiliario y enseres de la casa se usaban durante generaciones, con los muebles rotos fabricabas una reja. Generar basura es un invento de la industria para crear consumo”, opina Tanja Grass. Por eso, para ella la clave está en la educación de las futuras generaciones: “Debemos fomentar la creatividad que ayuda a pensar por uno mismo, a poder expresarse libremente y a encontrar soluciones innovadoras a los problemas”.

Los desafíos de la disciplina

A lo largo de la historia del arte hubo disciplinas que fueron consideradas más legítimas que otras dentro del campo artístico. Con el arte reciclado sucede lo mismo. Si bien es una tendencia mundial que crece, todavía hay cierta resistencia a confiar en su valor cultural, artístico y económico. Según Edgardo Rodríguez, al menos en Argentina es vista como una técnica menor. En este sentido, una de las barreras que enfrenta es la propia imagen de reciclado relacionada con lo artesanal y lo barato (se encontró en forma gratuita porque se rescató de la basura y se transformó). “Creo que es necesario que las convocatorias y los  concursos impulsados por el Estado o el sector privado adopten el arte sustentable como disciplina y, a la vez, sea evaluado por personas que entienden no solo de arte sino también de sustentabilidad”.

Por su parte, Elisa Insúa celebra el crecimiento de artistas que trabajan con materiales de descarte a pesar de que existan ciertos prejuicios en su contra. Por ejemplo, a veces se habla de que a este tipo de arte le falta ‘sofisticación’, tanto formal como conceptual, y por eso corre el riesgo de ser considerado como algo básico u obvio. “Ese es uno de los grandes desafíos que tenemos los artistas que trabajamos con desechos: darle una vuelta de tuerca, una óptica más personal y un abordaje nuevo que sea fresco pero a la vez punzante”.

Tenemos un solo planeta y mucha basura, pero también tenemos el poder creador para construir un mundo más habitable para todos. La generación de basura continúa siendo uno de nuestros mayores problemas como humanidad. Frente a este escenario, se vuelve indispensable ajustar los hábitos de consumo a las necesidades reales para alcanzar el tan deseado desarrollo sustentable. En esta búsqueda, el arte a través de sus diversas manifestaciones y expresiones es capaz de sensibilizarnos, emocionarnos y hacernos repensar nuestras propias prácticas. Como decía el pintor Pablo Picasso: “Todo lo que puedas imaginar es real”. Un mundo mejor es posible.


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