Naturaleza

Esteros del Iberá: una historia de conservación de la naturaleza y desarrollo local

18 de Diciembre, 2018 | por Mariano Masariche
Conocí los Esteros del Iberá cuando era todavía una tierra alejada, inhóspita, salvaje. Nada hacía suponer que tres décadas más tarde se convertiría en la meca del turismo de naturaleza en la Argentina.
Fotos: Juan Martín Mastropaolo

En su millón y medio de hectáreas el agua manda, pero no es lo único: abundan las lagunas, riachos y bañados que se alternan con pastizales y algunos bosques en las zonas más altas. Se dice que es el segundo humedal en importancia de América después del fantástico pantanal de Mato Grosso en Brasil.

Los Esteros dan sustento a cientos de especies de aves, varios mamíferos amenazados de extinción y enormes yacarés o “caimanes”. Pero ¿qué hizo que este lugar sea hoy uno de los preferidos para observar y fotografiar fauna silvestre en la Argentina? Para contar este proceso podemos separarlo en “edades”, como si estuviésemos estudiando Historia.

La Edad Antigua y Media: de la abundancia a la escasez

De la Edad Antigua, anterior a la llegada del europeo, no sabemos mucho pero imaginamos un lugar de enorme abundancia de fauna, sustento de los pueblos guaraníes.

El Iberá se mantuvo casi ajeno a la autoridad del Virreinato y de la Argentina hasta principios del siglo XIX. Algunos de los primeros criollos llegados, mezclados con los guaraníes, fueron peones de estancias. Otros se internaron en lo más profundo del humedal y surgió una figura emblemática que marcó la vida del Iberá por casi dos siglos: el mariscador. Dedicados a la caza de mera subsistencia, fueron baqueanos y conocedores de la fauna como nadie. Recorrían la inmensidad con sus canoas, armados con machete y lanza. El valor creciente de algunas pieles y plumas hizo que el mariscador cazara para el acopiador, encargado del comercio en las ciudades.

Esta precaria forma de vida llegó hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX, cuando la enorme presión de caza diezmó las poblaciones de algunas especies obligando a los mariscadores a jornadas de caza cada vez más largas e improductivas.

El yaguareté y el lobo gargantilla, entre otros, sucumbieron a la extinción en el Iberá. A fines de siglo, la creciente conciencia social sobre la necesidad de proteger la naturaleza impulsó el dictado de leyes prohibiendo la caza o limitando el comercio. El Iberá ya no era de una abundancia infinita y la gente vivía cada vez en peores condiciones.

La Edad Moderna: comienza la protección

En 1983 la provincia de Corrientes tomó una iniciativa crucial para el destino del Iberá: lo declaró Reserva Natural. Y ocurrió algo significativo, los mariscadores fueron invitados a integrar el cuerpo de guardafaunas del pueblo de Colonia Carlos Pellegrini. ¿Cazadores como guardianes de la fauna? Una arriesgada idea sin antecedentes en la región. Algunos aceptaron, intuyendo la posibilidad de mejorar sus condiciones de vida, y tomaron muy en serio su nuevo rol.

La caza fue controlada y la fauna de a poco se recuperó en la zona de Pellegrini. Algunas especies muy emblemáticas como el ciervo de los pantanos, el carpincho y el yacaré se volvieron menos ariscas, sabiéndose no perseguidas.

La voz se fue corriendo entre los amantes de la naturaleza: en aquel Iberá desconocido ahora se podía ver y fotografiar abundante fauna. Cada vez eran más los visitantes de este alejado lugar que se acercaban con el único objetivo de “ver bichos”.

La Edad Contemporánea: ecoturismo y producción de naturaleza

Con el nuevo siglo se levantaron las primeras posadas en Colonia Pellegrini para dar servicios a esos nuevos visitantes, iniciativa de lugareños, de correntinos de otros pueblos, de otras ciudades del país o incluso del extranjero. Siendo el fuerte las recorridas para observar fauna, las posadas necesitaban guías baqueanos: una nueva fuente de trabajo para guardaparques, sus hijos y otros vecinos. Se abrieron comedores, hospedajes y negocios de artesanías. Este proceso espontáneo mejoró la calidad de vida de los pobladores de Pellegrini. Los jóvenes ya no estuvieron obligados al éxodo y pudieron emprender si así lo deseaban.

Esta etapa está hoy en pleno desarrollo, con otros pueblos alrededor del Iberá sumándose como vías de acceso, la declaración de parte de la reserva como Parque Nacional, y el novedoso concepto de producción de naturaleza que apunta no solo a cuidar lo que se tiene, sino a reintroducir especies extintas para ampliar la oferta de naturaleza.

El desafío hoy es consolidar lo logrado y crecer de forma sustentable. El futuro se está escribiendo junto a los hijos y nietos de aquellos viejos mariscadores del Iberá.

  • El 5 de diciembre de 2018 el Congreso de la Nación Argentina aprobó la creación del Parque Nacional Iberá.


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