Naturaleza

Patrimonio natural en riesgo

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09 de Octubre, 2016 | por Por Diego Moreno, Ex Director Fundación Vida Silvestre Argentina
Foto: WWF / Edwin Giesbers /naturepl.com

El reciente informe “Impacto del cambio climático en las especies” de la Organización Mundial de Conservación (WWF) alerta que uno de cada seis especies está en peligro de extinción debido al cambio climático. Para tener en cuenta, solo en 40 años (1970-2010) se detectó que más de 10.000 poblaciones de vertebrados -entre mamíferos, aves, peces, reptiles y anfibios- sufrieron una disminución de 52% (más de la mitad) en sus poblaciones. De cara al futuro, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) estima que el 35% de las especies de aves, el 52% de los anfibios y el 71% de los corales serán particularmente vulnerables a los efectos del cambio climático.

Este fenómeno, resultante de las actividades humanas, agrava la presión sobre los ecosistemas y la vida silvestre. Las consecuencias se sienten en la alteración de las condiciones climáticas y la consecuente acidificación de los océanos, el incremento en el nivel del mar, el retroceso de los glaciares y la intensificación de eventos climáticos extremos (como inundaciones, sequías y tormentas), entre otras. Frente a estas alteraciones, las especies tienen dos caminos: extinguirse o adaptarse.

El actual panorama agrava la situación tanto de las especies que están en peligro de extinción (muchas de ellas habitan en regiones impactadas en gran medida por perturbaciones climáticas) como de aquellas que son más sensibles debido a su biología, es decir, sus características ecológicas, fisiológicas, genéticas, y de comportamiento.  

La ballena azul es una gran damnificada por el cambio climático. Se estima que entre 10.000 a 24.000 de sus ejemplares están en riesgo. El calentamiento global y la acidificación de los océanos afectan al kril en su tasa de reproducción y aceleran su ciclo de vida. Esto redunda en su abundancia y distribución, e involucra un mayor traslado de las ballenas para conseguir el alimento.

Otro caso es el del oso polar, perjudicado por la reducción del hielo marino del Ártico. Conforme el Servicio Geológico de Estados Unidos, si la reducción del hielo marino continúa a su ritmo actual, la superficie del hábitat de verano óptima para el oso polar se contraerá en un 42% a mediados del siglo XXI.

El Venado de las Pampas, especie emblema del sur de América Latina, es otro testigo de las consecuencias del cambio climático. Habita en la Bahía Samborombón (Argentina) donde subió el nivel del mar, hay erosión en los campos y se registran vientos más intensos, e inundaciones y sequías abruptas.

Estas especies, junto a otras -como el orangután de Sumatra, el panda gigante, el elefante africano y la tortuga verde- integran la lista de especies afectadas por el cambio climático. En este sentido, la biodiversidad juega un rol clave en el funcionamiento de los ecosistemas terrestres y marinos para sustentar la vida de los seres humanos en el planeta. Cabe mencionar el rol fundamental de los microorganismos en los ciclos de carbono, oxígeno y nitrógeno, el papel clave de los bosques en la purificación del agua, y el de los insectos a través de la polinización.

Los impactos que padece nuestro patrimonio mundial natural son sólo el reflejo de un fenómeno mucho más profundo que puede tener graves consecuencias en las condiciones de vida de los seres humanos, causantes y víctimas del cambio climático.

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