Cultura

Las siete mujeres de Nepal

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14 de Octubre, 2016 | por Emiliano Bello
Foto: Gentileza APP Comunicación.

Nepal es frío, es polvo y pobreza extrema. Acaba de ser golpeada por un violento terremoto meses atrás y el desamparo es aún mayor. Las casas y la vida crujen en una ciudad sin calles. Las motos rugen. La luz escasea. La comida escasea. El agua escasea aún más. La higiene es casi nula. Quienes limpian sus casas o negocios barren el polvo una y otra vez con pequeñas escobas que no sirven de mucho. Hace más frío dentro de las casas que fuera.

Los nepaleses padecen, sobreviven. Si son mujeres es más difícil. El machismo impera. Una mujer sólo tiene acceso a través del hombre. Su vida, sus decisiones, el dinero, sus hijos, todo depende de las decisiones y posibilidades que le inaugura el varón. La vida propia es una quimera. Para la más bella y para la más rica, para la más sana, la autonomía es una utopía irrealizable. Es mucho peor para la mujer soltera, para la mujer abandonada, para la de las castas bajas. Para la mujer discapacitada, Nepal directamente es un infierno.

La cultura atraviesa a las mujeres discapacitadas de un modo salvajemente desigual, inhumano, los animales viven mejor que ellas. La creencia en el karma propio del budismo que practican asume en esa cultura que la mujer discapacitada merece su condición por acciones negativas en vidas pasadas. Si le falta un brazo, si una pierna no funciona o es ciega, lo merece. Nepal no guarda espacio para la misericordia o el respeto. Es su castigo. “Algo habrán hecho”…

Seven Women nace de esa injusticia. La australiana Stephanie Woolard fundó esta organización sin fines de lucro en el año 2007 para intentar enfrentar esta discriminación. No lo hace de un modo caritativo. Encuentra en estas mujeres sin valor social, un genuino poder y lo ayuda a crecer y desarrollarse, procura generar autonomía y valor en ellas.

En las pocas semanas que llevo aquí, lejos de mi trabajo como empresario, puedo ver cómo se producen esas pequeñas transformaciones. Cómo algunas mujeres aprenden a leer palabras y a escribir su nombre. Cómo se les enseña a contar y a identificar el dinero. Cómo se capacitan para el desarrollo de productos tan sencillos como bellos. La dignidad de persona reaparece en cada una de ellas. Sus voces silentes cobran fuerza, su postura es ahora más erguida, van ganando en confianza y van comprendiendo que no están condenadas a vidas miserables. De a poco sonríen. Algunas lloran por primera vez.

Me despierto y cruzo cada mañana en una pequeña moto que me lleva a su “headquarter”, ubicado en uno de los barrios más pobres de la ciudad. Al cruzar la puerta de Seven Women Nepal, el clima es más cálido, la alegría vive y se comparte tanto o más que en las oficinas de Australia. Anita, Sandya y Paddam están contentas. Su vida revive. Pueden abastecerse y también generan ingreso suficiente para dar una mejor vida a sus hijos, antes condenados. Ellas se sorprenden que estén formando parte, que un hombre las escuche, les pregunte por su sentimiento, las asista. Alguien no abusa, no las burla, no las degrada, ni las pone a un costado. Alguien cruzó de Buenos Aires (Argentina) a Nepal para ayudarlas a crear un curso de cocina para extranjeros, lo que permitirá generar más ingresos a la entidad. Y lo agradecen.

Más lo agradezco yo. Lejos de la comodidad de mi casa, de mi auto nuevo y de los 3.000 autos que administro, me siento útil y vivo como pocas veces. Entiendo y comprendo el impacto que podemos tener cada uno de nosotros, como Steph, sobre cientos de vidas más complejas que las nuestras. Parece lejano y ciertamente queda lejos de Buenos Aires, pero todos podemos ayudar a que estas mujeres y sus hijos vivan mejor, tengan menos apremios y vale la pena sumarse. Hay muchas formas de hacerlo. Puede uno participar del fondo para ayuda a los damnificados por el terremoto. Puede uno adquirir los objetos producidos por éstas mujeres que se venden en todo el mundo en condiciones de comercio justo. También es posible sumarse como voluntario de la organización o realizar donaciones.

Necesitamos de la ayuda de todos. Stephanie Woolard comenzó con siete mujeres y actualmente asiste a más de 750. Pero es mucho el camino que debemos recorrer para tener un impacto significativo. Las metas son altas. Seven Women se propone llegar a más de 100.000 mujeres empoderadas para 2025.

 Sumate a la causa y ayudá al proyecto en sevenwomen.org


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