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Si la vida te trae un tsunami, ¡Subíte a una tabla de surf!

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12 de Enero, 2017 | por Elena Martín
A veces los eventos más inesperados y devastadores siembran el drama de una tragedia, pero también la esperanza en lo que se puedo construir a partir de ahí. Chile, uno de los países con más kilómetros de costa del mundo, se ha visto a menudo afectado por los efectos caprichosos o no tanto del mar. Pero fue gracias a uno de estos embates, el tsunami de 2012, que la organización GiveSurf echó a andar un objetivo: mejorar la calidad de vida y el desarrollo de comunidades en riesgo social de la costa chilena, a través del surf.
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Ante los efectos del tsunami, un grupo de surfistas de una de las zonas afectadas consiguieron tablas donadas desde California. Pensaron que sería una buena acción regalarlas a los chicos que habían quedado prácticamente sin nada. Sin embargo, regalar tablas de surf sin un programa con una estructura y un compromiso de personas que guiarán a quienes no necesariamente sabían cómo hacer uso de esas tablas, comenzó a ser más perjudicial que beneficioso.

Fue a partir de ahí que surgió la idea de lanzar algo más estructurado. Así nació GiveSurf como organización en 2013. Se involucró no sólo a un actor, si no a tres, más los propios participantes; un nuevo ejemplo de la importancia de trabajar juntos. En un mismo espacio, se juntó al gobierno local, a la escuela municipal y a una escuela de surf que comenzaron a trabajar juntas para poner en marcha un programa que ofrecía clases de surf a los jóvenes.

Su visión tiene mucho que ver con la creencia que una comunidad con surf es mejor que una sin él. Al ser un deporte con un contacto único con la naturaleza, permite una mayor comprensión y arraigo de los jóvenes hacia su entorno. A partir de ahí, muchas cosas pueden pasar.

Poco a poco se comenzaron a notar los cambios: los niños tenían más actividad física y motivación en la escuela, los profesores se convirtieron en líderes locales, ejemplos a seguir. Además de esto, se promovió un punto de encuentro con los padres. Estos pudieron ser testigos de actividades relacionadas con el contacto con la naturaleza, y la creación de valores de bienestar y mayor productividad para los chicos en la escuela, además de su mejora física. Algunos comenzaron a perder peso y estar más en forma, otros que lo veían, querían también unirse a los programas.

Todos estos aspectos positivos, han provocado varios buenos cambios durante estos años de andadura. El gobierno local pudo percibir los beneficios y ha seguido invirtiendo en estos programas, que ya se llevan a cabo en cuatro diferentes puntos de las zonas costeras de Chile: Arica, Cartagena, Matanzas y Mehuin. La comunidad comienza a cambiar la percepción del surf de algo que asociaban con gente “hippie”, incluso mezclado con drogas; a algo que no sólo hace bien a los chicos, sino que puede también generar más espacios para atraer a las personas a las playas a practicar surf. Esto puede generar ingresos turísticos en el futuro, revirtiendo positivamente en los pobladores de estas comunidades. Los cambios positivos que se producen en los jóvenes, ese es el gran premio. A través de la práctica del surf han mejorado su forma física, su rendimiento escolar, su motivación y su interés por ser mejores en algo y aprender valores al mismo tiempo. Gracias a todo esto, se alejan de manera natural de otros posibles caminos mucho menos positivos para su futuro.

Diego Posselt, director ejecutivo nos cuenta como hoy hay 15 personas involucradas en el proyecto y nos destaca la importancia de la figura del líder comunitario, del profesor al que los chicos toman como un ejemplo que puede realmente incidir en quiénes son y serán en un futuro. Es de hecho una de las razones por las cuales la organización decide hacia dónde se expande. El crecimiento lo determina llegar a puntos de la geografía chilena con buenas condiciones para desarrollar el surf, pero donde el surf no está muy desarrollado. Luego se tiene que dar que exista una población en riesgo de exclusión y, por último, pero no menos importante, la organización ha ido hasta ahora donde ha podido identificar o conocía a los líderes comunitarios. Ellos establecen el compromiso de llevar los programas adelante y encargarse de los chicos y su evolución.

Una labor a la que la organización está siempre abierta: conocer personas que quieran comprometerse dentro de estas comunidades desde el entendimiento del contexto local y el compromiso poder sacar lo mejor de los chicos y chicas a través de la práctica de este deporte.


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