Diseño

Diseño sostenible que está de atar

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16 de Enero, 2017 | por Patricia Rincón
Se dice que, de una u otra manera, todos estamos locos. Debo aceptar que disfruto mucho conocer a personas que no están completamente en sus cabales. Personas que han decidido romper los códigos impuestos por la sociedad y las diferentes industrias. Personas que simplemente se permiten ser, crear y creer.
slowmotiv.com

Daniela y Cristina son verdaderas locas, son las dos locas de Atar. Dos de esas que mientras el mundo estaba pensando en comprar baratijas que no necesita, ellas se estaban preguntando qué pasa con los descartes textiles de las grandes producciones de prendas de vestir. ¿Su respuesta? Muchos de los descartes se convierten en basura y llegan por toneladas a los vertederos. Una mínima cantidad es reutilizada. ¿Quién se hace responsable de esto? Las fábricas no. Los productores tampoco, los consumidores, menos. Triste realidad.

Pero como nada queda en el aire, existen siempre personas que ponen los ojos en lugares y situaciones donde muchos no lo hacen. Y es aquí, donde nace el emprendimiento chileno Atar, su locura y sus grandes deseos por generar una aporte positivo tanto social como ambientalmente. Crear accesorios masculinos con descartes de textiles, ese es su punto de inicio. Alargan la vida de un textil desechado, generan trabajo a un grupo de costureras de escasos recursos y brindan una línea de accesorios masculinos que han sido creados a mano.

Atar es tan único como los hombres que lo usan. Ésta es su filosofía: buscan dar un revuelo al uso de las corbatas y los corbatines (moño de fiesta). Gran ejemplo de moda sostenible, ética y slow. Nos deja claro que no se necesita de grandes inversiones, y menos de grandes producciones, para poder generar una marca de diseño que sea un aporte para la industria y las personas. Felices están todos aquellos que deciden romper sus hábitos de compra y que apuestan por consumir productos que han sido hechos localmente bajo una línea de producción que se mueve a ritmo lento. Así que los invito a que bajen el ritmo, a respirar y a reconocer lo que tenemos en cada ciudad, en cada país.

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