Interés General

“La naturaleza no sabe de desechos ni de desempleo”

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02 de Febrero, 2017 | por Tais Gadea Lara
Crítico por igual de la economía financiera y de la economía verde, el economista belga propone un nuevo modelo de negocios: el de la economía azul, basado en los ecosistemas naturales. Una charla con Gunter Pauli.
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“No le pidamos más a la Tierra. Hagamos más con lo que la Tierra nos proporciona”. Estas fueron las palabras elegidas por Gunter Pauli para comenzar su libro “La Economía Azul”, una publicación que recibí hace unos años como obsequio “porque estaba relacionada con la sustentabilidad”, pero que, al ir leyendo sus páginas, encontré que iba mucho más allá: proponía repensar por completo el modelo económico actual.

Crítico de la economía financiera –basada en el crédito y la deuda– y de la llamada “economía verde” –que, según él, trata de preservar el ambiente a costa de inversiones inviables–, Pauli propone servirse del conocimiento acumulado durante millones de años por la naturaleza para satisfacer nuestras necesidades de forma eficiente y con impacto social, ambiental y económico positivo. Expone para esto más de cien innovaciones que podrían significar más de cien millones de empleos en los próximos 10 años, desde aplicar la estructura de los termiteros a la arquitectura bioclimática hasta la reutilización de los desechos agrícolas. En diálogo exclusivo desde Sudáfrica, y previo a su visita al país para participar de la edición 2016 de Sustainable Brands, Pauli reflexiona sobre la situación actual e invita a pensar un nuevo modelo de negocio basado en los ecosistemas naturales.


¿Cuál es el principal problema que presenta hoy el sistema económico global?
El problema principal es que no somos capaces de responder a las necesidades básicas de todo el mundo. Estamos hablando de la globalización, con todas sus promesas, de la eficiencia y la tecnología, de Internet. Y hay niños que aún tienen hambre, incluso en la Argentina, que es uno de los más grandes exportadores de alimentos del mundo. Pero hay un segundo componente: no somos capaces de responder a las necesidades básicas de todo el mundo con lo que tenemos. Creemos que podemos responder, pero para ello necesitaríamos dos o tres planetas Tierra, y no los tenemos. Tenemos sólo una Tierra y con ella no alcanza. Es una tontería pensar que si seguimos haciendo lo mismo vamos a mejorar la situación. Luego de 50 años de libre mercado, tenemos que repensarlo y mejorarlo. Siempre insisto en que no estoy en contra de lo que hemos intentado hacer, pero sí estoy a favor de un modelo de negocio que es mucho mejor y necesario.


¿Por qué sostiene que estamos equivocados con el concepto de “economía verde”?

El problema de la economía verde es que con las mejores intenciones, con todo el entusiasmo, la pasión y el deseo de tener un mundo sostenible, lamentablemente le hemos impuesto el mismo modelo de la globalización. Es decir, intentamos hacer algo ecológico con un modelo cuya génesis no es ecológica. Hoy la economía verde implica que todo lo que es bueno para ti y para la ecología es costoso. Creamos una economía sustentable solamente para los ricos, los demás no pueden acceder a eso. Tenemos que reconocer que la economía verde es algo que deseamos, pero la forma como lo hemos implementado es una catástrofe. Necesitamos que lo bueno para la salud y para la naturaleza sea lo más barato. Y lo más costoso tiene que ser lo que destruye el ambiente y perjudica la salud.

 

¿Cómo define entonces su propuesta, la de la “economía azul”?
La economía azul es, en primer lugar, generar más valor con lo que tú ya tienes. La obsesión de la economía globalizada, incluida la economía verde, es producir más y más barato, y no debe ser así. Debemos sacar el mayor valor posible de aquello que tenemos. Es decir, no me interesa producir más café y más barato, sino tener un grano de café que de una taza consumamos sólo el 1.2% y que con el 98.8% restante pueda generar mayor valor agregado. Imagínense si eso puede hacerse con un grano de café, ¿qué es lo que se puede hacer con toda la economía? Los economistas han perdido el horizonte porque estamos ante la obsesión absoluta de reducir costos de producción a cualquier costo.

 

En su libro “La Economía Azul” da numerosos ejemplos de implementación de esta economía, ¿qué caso llamó más su atención?

Cada caso tiene su ambiente extraordinario dependiendo del país. Miremos el caso de Papel Piedra. Incluso la Argentina todavía tiene minas, una actividad contaminante: no sólo explota al ambiente sino también a los obreros. Los que trabajan arriesgan su vida y los que viven alrededor tienen asma garantizado en cuatro generaciones por venir. La propuesta de Papel Piedra se plantea así: deme todos los desechos generados por la mina, lo mezclamos con 80% de piedra triturada y 20% de PET, y generamos papel. Hay propuestas que son tan evidentes que molestan. La única razón por la que no se hace es porque hay intereses ocultos. Hay propuestas que son tan evidentes que es difícil que un político que honesto no las promueva.

 ¿Es posible implementar esta economía en un país en desarrollo?

La única manera de hacerlo es que haya una conciencia, una claridad de un grupo de emprendedores. Lo que nos falta hoy son emprendedores. Tenemos son muchos MBA, pero pocos emprendedores. Hoy muchos pretenden ser emprendedores y en realidad sólo quieren ser empresarios de Silicon Valley, donde tú eres multimillonario antes de siquiera producir una cosa. Faltan emprendedores de verdad que tengan iniciativas, con corazón, con pasión, con un interés en el bienestar de su comunidad.

 

Además de esa falta de emprendedores, ¿qué otros obstáculos impiden avanzar hacia una economía azul?

La ignorancia. ¿Por qué seguimos con un modelo que es un fracaso, donde el minero contamina? Por eso parte de mi trabajo es que la gente sepa que hay otras opciones. Mi fundación ha montado unos 200 proyectos y ante ellos no se puede negar que es posible. Y son proyectos que los repetimos. Queremos acabar con la ignorancia. Internet no nos ayuda, Internet nos deja estúpidos porque no nos relaciona. El segundo obstáculo es la enseñanza: no les enseñamos a los niños a mirar fuera de la caja. La mitad de mi tiempo me dedico a la educación, porque tenemos que inspirar a los niños de tres, cuatro, cinco años a imaginar mejor. Si le explicas a un niño por qué no debemos cortar un árbol para hacer papel, pues entonces no entenderá por qué el padre sí lo hace. La ciencia es la prueba de lo que ya ha sido posible en el orden de la naturaleza.

 

¿Y qué rol les cabe a los consumidores en este nuevo modelo de negocios?

Hay algunos pasos muy concretos y simples, pero en todos, al final del día, tiene que cambiar el modelo de negocio. Un ejemplo: Argentina tiene una industria de sweaters de lana muy importante. Si le pregunto a un pastor cuánto gana por la lana, me va a decir “nada, apenas me lo están comprando porque la lana de Groenlandia es más barata”. ¿Cómo es posible que no se pueda ganar la vida con eso? El primer paso que estamos promoviendo en todos nuestros proyectos es que quien trabaja la materia prima debe recibir el 10% que paga el consumidor final. Tenemos que librarnos de la obsesión del precio globalizado del mercado.

 

¿Cuál es el mayor aprendizaje que debemos tomar de la naturaleza?

Es muy sencillo: la naturaleza no conoce de desechos ni de desempleo. ¡Qué maravilla! En la naturaleza todo el mundo trabaja según sus capacidades. No hay nadie allí que diga “soy anciano y no puedo trabajar tanto”. Todos contribuyen según sus capacidades. ¡Qué lección! Nosotros tenemos un gran problema en el mundo: tenemos leyes para todo. En la naturaleza no hay desecho, es un invento del ser humano. Todo en la naturaleza tiene algún valor para otro, salvo nosotros. Somos tan inteligentes que podemos generar basura, que necesitamos rellenos sanitarios. Esa es nuestra diferencia. El tercer aprendizaje es que todo en la naturaleza es colaboración: un árbol trabaja con sus hongos, los pájaros, las abejas, las lombrices, en un ecosistema. Nosotros estamos enseñando a todo el mundo a enfocarse solamente en una cosa.

 

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