Interés General

La teoría del todo. Hablemos de educación

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10 de Abril, 2017 | por Tais Gadea Lara
Es quizás uno de los temas más importantes a la hora de plantear la sustentabilidad. La base fundacional sin la cual todo el resto del proceso de concientización y cambio de acción resultaría casi imposible. Sin embargo, alcanzar su propósito final no constituye una tarea fácil. Los múltiples conflictos que atraviesa el mundo actual lo plantean como uno de los máximos desafíos del siglo. Hoy los invitamos, con lápiz y papel o algún dispositivo tecnológico, a tomar apuntes y leer este informe. Un simple (y complejo a la vez) pizarrón de ideas y reflexiones para empezar el año con la temática que nos convoca. Hablemos de educación.

La Teoría del Todo plantea la idea de que existe una teoría que podría explicar, conectar y unificar todos los fenómenos de la naturaleza. Su hallazgo fue un intento que mantuvo en vilo al físico alemán Albert Einstein durante toda su vida. Intento que no obtuviera un resultado de éxito. Así también lo fue para el físico británico Stephen Hawking quien creyó haberla hallado hasta que en 2002 dio marcha atrás con la idea de que ello fuera posible. ¿Existe una teoría que lo explique todo? ¿Existe una idea que pueda conectar todo lo que ocurre en el universo? ¿Qué sucede cuando hablamos de sustentabilidad?

Como muchas de las temáticas que conforman la agenda actual, la educación se erige como uno de los escalones iniciales y claves en el camino hacia un desarrollo sostenible. Quizás, como “el” primer escalón, sin el cual no podríamos seguir ascendiendo. A ello hizo referencia el presidente de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Peter Thomson, durante su participación en la Semana de la Sustentabilidad de Abu Dabi, Emiratos Árabes Unidos. La temática del evento tenía foco en las energías renovables, pero él quiso enfatizar la importancia de la educación: “Si hay algo que aprendí en este tiempo es que la mayoría de la gente no sabe nada sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Debemos cambiar esta situación y la educación juega un rol clave”.

La agenda de los ODS de la ONU concibe a la educación en un objetivo especial con un término que pareciera no necesario describir, pero que hoy es necesario resaltar: educación de calidad. “Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad, y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos”, cita el ODS número cuatro como una meta a alcanzarse en todos y cada uno de los países del mundo para 2030.

Una agenda sustentable que contempla la educación, una educación que debe considerar la agenda sostenible. ¿Cómo hacer para educar en la sustentabilidad? ¿Cómo hacer para sustentar en el tiempo, los espacios y los actores a la educación? ¿Podremos llegar a poner en práctica en jardines de infantes, escuelas primarias y secundarias, institutos terciarios y universidades esta teoría que parece abarcar todo el camino restante de la sustentabilidad? Veamos algunos elementos que podrían ayudarnos a resolver un enigma, un problema matemático, una fórmula física.

1° elemento: el acceso

Hablemos sin vueltas: toda persona en el mundo debe gozar del derecho a recibir educación. La triste realidad es que ello aún no ocurre. Son múltiples los motivos que dificultan las garantías de este derecho: desde una razón cultural o religiosa como la que afectó a la joven paquistaní Malala Yousafzai, quien recibió disparos cuando salía del colegio por “estudiar siendo mujer”; hasta contextos de conflictos bélicos que ponen en peligro la vida de los niños, como los más de dos millones de niños sirios que, según el Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF), no pueden acceder a clases. A ello podrían agregarse otros múltiples factores: consecuencias luego de un desastre natural, lejanía física de las comunidades más vulnerables respecto de los edificios educativos, el hambre que afecta la capacidad cognitiva de aprender, la falta de herramientas y útiles para el trabajo diario en las aulas.

Las problemáticas son diversas y muchas. El derecho es el mismo para todos. Ante ello, hoy son múltiples las organizaciones que trabajan en pos de dar respuesta a estas falencias para garantizar la educación. Ejemplo de ello es Educar 2050, proyecto que busca mejorar la educación en Argentina. Su directora ejecutiva, Agustina Blanco, explica: “Que los niños estén dentro del sistema es una pauta fundamental. Ese ingreso debe ir acompañado con una educación inclusiva que garantice calidad y equidad. El desafío es incluir con nuevos enfoques pedagógicos, modernos e innovadores. Es necesario que lo ocurra en la escuela tenga sentido, que el niño logre desarrollar un pensamiento crítico y reflexivo para resolver problemas reales”.

2° elemento: la transversalidad

Con un acceso a la educación garantizado, podemos empezar a pensar en cómo incluir la sustentabilidad al interior de las aulas. Aquí hay un principio que es tan simple como complejo: la transversalidad. ¿Qué quiere decir? Que la sustentabilidad atraviese toda la currícula de cada nivel educativo de cualquier institución. Es decir, que esté presente en matemática, geografía, lengua y literatura, y no sólo en Ciencias Naturales como suele ocurrir tradicionalmente. Un niño puede incluso en las asignaturas vinculadas al arte implementar la reutilización de residuos para la elaboración de un nuevo producto.

En conclusión, hacer de la sustentabilidad un eje transversal en la educación en pos de un desarrollo sostenible. ¿Por qué? Patricio Roulier Pazos, director de la iniciativa iE.CO en pos del cuidado del agua, lo describe con un ejemplo: “Imaginemos una sala llena de 50 personas, de las cuales tan sólo 15 accedieron a una educación de calidad, basada en valores que promueven el desarrollo sostenible, el cuidado ambiental y los recursos que poseemos; y las restantes 35 personas no acceden a ello. Claramente sólo 15 sabrían el valor que tiene el agua, porque sólo éstas conocerían que el 2,97% del agua disponible en el planeta es apta para consumo humano. La educación es como la filosofía Ubuntu ‘Yo soy porque nosotros somos’, es decir, si educo es porque otros me educaron, porque todos nos educamos y aprendemos el uno del otro sobre el respeto no sólo de las personas sino también de la Tierra y sus recursos”.

3° elemento: la metodología

Ahora bien, ¿cómo lo hacemos? La respuesta a este interrogante quizás se encuentra en dos acciones puntuales. Por un lado, ayudar a que sean los propios chicos los que piensen, idealicen y busquen ideas concretas para resolver problemáticas en sus comunidades. Es clave que los docentes potencien la capacidad de los chicos para reflexionar, pensar críticamente e innovar. Pero no lo digo yo, lo dice una alumna de 16 años de la escuela Unidad Educativa Sagrado Corazón 4 de Bolivia, Keyla Torres Villalba: “Fueron los docentes los que nos inspiraron y acompañaron en poder desarrollar un proyecto que busca utilizar el sol para generar energía eléctrica y el agua de lluvia para regar el huerto”. Lo que comenzó siendo una idea para aprovechar la intensidad del sol y de la cantidad de agua de lluvia de su zona, se convirtió en un proyecto que resultó ganador en una competencia internacional (Premio Zayed Energía del Futuro) y que ahora recibirá el dinero para concretarse.

Por otro lado, educar a los niños en el cuidado sobre el ambiente en el ambiente mismo. Con esto no estamos diciéndoles a los docentes que vayan al bosque a dar sus clases, pero sí que encuentren algún espacio al aire libre para hablar sobre el impacto de los vehículos en la calidad del aire, por ejemplo, o que realicen alguna visita a alguna empresa que trabaja conforme los principios del comercio justo. Así ya lo describió en estas páginas David Bond, creador del proyecto y documental “Project Wild Thing”: “El problema es que tenemos docentes jóvenes que se criaron fuera del mundo natural, con una vida al interior. Los chicos pasan mucho tiempo frente a las computadoras en la escuela y luego regresan a sus hogares, y continúan frente a la computadora. Tenemos que enseñarles a los docentes sobre el afuera, y afuera de las aulas con los niños”. Educación, sustentabilidad y ambiente pueden hacerse uno. La creatividad, la innovación, las ganas de pensar el mundo deben ir desde los docentes hacia los alumnos y continuar en un trabajo en equipo.

¿Resultado?

“El objetivo de educación de calidad lleva a otro gran desafío: que los aprendizajes sean para toda la vida. Esto implica que el mundo entre a la escuela y que la escuela salga al mundo”. Las palabras de Blanco parecen remitirnos nuevamente a esa idea original de una teoría del todo. De un aprendizaje que nos sirva de herramienta para toda la vida, que sea una puesta en práctica para resolver problemas, que nos acompañe en vivir con un estilo más eficiente y de menor impacto negativo.

Pero quizás, como la misma teoría del todo, aún no tengamos una solución perfecta, un resultado concreto, una ecuación finalizada. Tenemos herramientas, tenemos docentes dispuestos a enseñar y niños ávidos por aprender, tenemos padres interesados en que sus hijos reciban educación y dispuestos a acompañarlos en ese camino, tenemos instituciones que –a pesar de cualquier dificultad- son el espacio donde la educación hace su magia. Los elementos para una educación sobre la sustentabilidad están sobre el escritorio del aula. Quizás no se trate de encontrar el resultado perfecto, quizás no existe. Quizás las soluciones son múltiples, la clave está que nunca dejen de funcionar, en que la educación siga en marcha, para todos. Porque como dice Hawking, el poder está en nuestra sabiduría: “El peligro radica en que nuestro poder para dañar o destruir al ambiente aumenta a mucha mayor velocidad que nuestra sabiduría en el uso de ese poder”.


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