Naturaleza

Nuestros océanos, nuestro futuro

24 de Enero, 2018 | por María Inés Tassano Viaña
Los océanos mueven sistemas que hacen que la Tierra sea habitable para la humanidad, pero su estado es crítico. Hemos subestimado su importancia y están cada vez más amenazados, degradados y destruidos por las actividades humanas, reduciendo su habilidad para proporcionar su apoyo crucial a nuestros ecosistemas. El famoso explorador oceánico Jacques Cousteau advirtió:“Tenemos que salvar los océanos si queremos salvar a la humanidad”. Por eso, te invitamos a sumergirte en las profundidades marinas y descubrir cómo cuidar nuestros océanos, tus océanos.

La Real Academia define océano como un ¨grande y dilatado mar que cubre la mayor parte de la superficie terrestre¨. Pero la definición que más nos hace sentido es la que lo define como ¨inmensidad de algunas cosas¨, porque el valor de los océanos es verdaderamente infinito e inmensurable. El hálito del océano llega a todo ser vivo y es, en sí mismo, un ser vivo en su gran inmensidad.

“El océano ocupa más del 70% de nuestra tierra. Regula el clima del planeta, nos brinda aproximadamente el 50% del oxígeno que respiramos, almacena dióxido de carbono, es fuente de empleo, nos provee alimento y, entre muchas otras cosas, se estima que en él vive el 80% de la biodiversidad del planeta. Para nosotros es el corazón del Planeta”, explica Martina Sasso, coordinadora del Proyecto de Áreas Marinas Protegidas de la ONG Sin azul no hay verde, una organización que promueve la creación de los primeros parques nacionales marinos en la Argentina.

Durante mucho tiempo los océanos han resistido el impacto del cambio climático. Sin embargo, cada vez más se hace sentir el impacto de las actividades humanas en este valiosísimo pilar de la vida.Y está a la vista.

La situación es preocupante. Tal es así que, hace dos años, los líderes mundiales en la Agenda 2030 adoptaron un conjunto de objetivos globales para erradicar la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad para todos como parte de una nueva agenda de desarrollo sostenible. Dentro de los ODS, el número 14 específicamentehabla de proteger los ecosistemas marinos y costeros, reduciendo la contaminación marina y la acidificación de los océanos, poner fin a prácticas insostenibles de pesca, promover la investigación científica en materia de tecnología marina, fomentar el crecimiento de los estados insulares en desarrollo y pescadores artesanales e impulsar y reforzar el derecho internacional relativo a océanos y mares.

Quizás, para tomar conciencia, necesitemos entender que la relevancia fundamental de los océanos radica en sus funciones, ya que proveen al hombre de innumerables servicios ecosistémicosque han permitido la aparición y el mantenimiento de la vida en el planeta.

¿Por qué los océanos son indispensables para la vida?

Los océanos son esenciales para el planeta. “Entre los diversos servicios ecosistémicos que nos brindan podemos resaltar la provisión de alimentos, materias primas y energía, o los de soporte, como el transporte. Pero hay otros aún más relevantes, como la producción de oxígeno -tal vez la principal función de estos ecosistemas- que permite la vida en el planeta tal como la conocemos. Los océanos absorben y contrarrestan los efectos del cambio climático.También existen los servicios de regulación, como el control del clima o el mantenimiento de la biodiversidad. Especialmente destacables son los servicios culturales, como la recreación, particularmente en las zonas más costeras”, detalla el oceanógrafo Daniel Conde.

Por lo tanto, el mayor desafío radica en mantener saludables la estructura y las funciones de los océanos, mares y costas a largo plazo, de forma de garantizar la provisión de todos estos servicios para las próximas generaciones. ¿Qué implica esto? Como señala el oceanógrafo, “poder garantizar la biodiversidad, la productividad y la capacidad de adaptación a las perturbaciones. Ahora, sin concientizar a la sociedad de esta relación entre funciones, salud y beneficios, no habrá forma de garantizar esta provisión”.

En este último tiempo, el tema océanos ha recuperado agenda. Desde la Convención de los Derechos del Mar de 1982 a la Declaración de Río+20, pasando por el Acuerdo de París sobre cambio climático hasta llegar a la reciente Conferencia de los Océanos, la primera sobre este asunto, organizada por la ONU.

María José Alzari, abogada especializada en derecho ambiental y sustentabilidad empresaria opina: “Nos encontramos ante una nueva etapa de regulación internacional respecto de este recurso que se ve afectado por fenómenos relacionados con la actividad del hombre”. La abogada señala que lo primero que es necesario reconocer es el carácter vital de los océanos para la supervivencia del hombre en el planeta. “Para que los derechos que todos tenemos como personas puedan efectivizarse debemos contar con condiciones mínimas que permitan el ejercicio de esos derechos. Y uno de los principales, es el derecho a la salud, que está directamente relacionado con el derecho a gozar de un ambiente sano y, en este caso, directamente vinculado con la salud de los océanos”. Océanos sanos implican personas sanas. Aquí lo que está en juego es nuestra supervivencia como especie.

Hablemos de biodiversidad

Los océanos son una gran fuente de biodiversidad. Encontramos desde organismos microscópicos hasta los animales más grandes del planeta, como la ballena azul. Incluye pequeñas algas, plantas enormes como la secuoya gigante, así como extensos paisajes formados por una gran variedad de ecosistemas.

La gran variedad de especies de organismos forman diferentes tramas de alimentación, las que tienen como primer eslabón a los vegetales microscópicos que constituyen el fitoplancton. Éstos, al realizar la fotosíntesis y elaborar la materia orgánica que sirve de alimento al resto de la cadena, desprenden las 3/4 partes del oxígeno que se encuentra en la atmósfera terrestre y consumen 2/3 partes del dióxido de carbono, manteniendo un equilibrio que permite a los seres vivos respirar. Por eso estos vegetales son llamados el "pulmón del planeta".

Los seres humanos también somos una parte integral de la biodiversidad. El efecto de las actividades humanas -magnificado en los últimos años por el crecimiento demográfico y el cambio climático global- ha reducido en gran medida esta biodiversidad en los ecosistemas de la región y del mundo entero.

¨En algunas zonas costeras las consecuencias son tan extremas que existen las llamadas zonas muertas por falta de oxígeno. Pero además de estas obvias modificaciones, existen otras no tan percibidas y que son más críticas aún, como la pérdida de biodiversidad o de especies clave, o la paulatina modificación de la red trófica, que finalmente termina por reducir la capacidad del ecosistema de hacer frente a disturbios externos¨, explica Daniel Conde.

“El Mar Argentino, por ejemplo, representa el 36% de nuestro territorio. Nuestra plataforma marina es una de las más extensas del planeta, es una de las áreas oceánicas más productivas de la Tierra. Sin embargo, es uno de los mares más amenazados.Existen más de 60 especies en peligro, entre ellas, la ballena fin, el cachalote, el pingüino penacho amarillo y la tortuga cabezona. Estamos perdiendo el corazón azul del planeta”, dice Martina Sasso.

Bajo amenaza

La capacidad de los océanos y mares para soportar la actividad humana es limitada. La contaminación y la acidificación de los océanos dañan estos ecosistemas, poniendo en riesgo la vida submarina y, por consiguiente, la sostenibilidad de todas las demás especies y del planeta.

¨Sin duda la percepción del impacto que causamos en los océanos es menor a la que tenemos respecto del impacto en el suelo, sencillamente porque es más difícil verlo, pero ello no significa que no esté”, comenta María José Alzari. En esto coincide también Daniel Conde. “Físicamente vivimos cerca del mar y los océanos, pero a la vez sus problemas nos resultan aún ajenos, ya que no vemos esos problemas tan directamente como puede ser la contaminación de un río, por ejemplo. Por esta razón, los problemas del océano nos han resultado relativamente ajenos como sociedad, hasta ahora”.

Entre los principales problemas encontramos la sobreexplotación de recursos pesqueros, que no permite la recuperación de las especies provocando el colapso de la pesquería. También la pesca incidental que se da con las especies que son extraídas como consecuencia de la pesca de otra especie. Otra gran amenaza es la contaminación por el transporte yla presencia de plásticos. Al respecto, más del 80% de los elementos que contaminan los océanos proviene de la tierra. Hay un estudio científico alarmante que estima que para el 2050 habrá más plásticos que peces en el mar. Y la lista sigue: las actividades industriales (petrolera, por ejemplo), la urbanización costera descontrolada, la acidificación y el calentamiento por el aumento de la concentración de CO2.

El aumento del nivel del mar es otro parámetro ambiental que ha cambiado, incrementándose significativamente en los últimos años debido a la variación de la condición de los océanos. A causa del calentamiento global se evidencia una reducción de la superficie de las cubiertas de nieve y de hielo.

Sumado a esto, aumentó considerablemente el nivel de salinidad superficial de los mares. Esta variación tiene severas implicaciones en la flora y fauna tanto del ambiente terrestre como del marino. Su incremento genera mayor evaporación de agua marina, lo que provoca mayor formación de nubes, y como consecuencia, mayor intensidad de lluvias. Además, el calor oceánico genera más baja presión y más formación de huracanes, que se sumarán a las mencionadas lluvias.

La contaminación marina está provocando fuertes desequilibrios ecológicos, de los cuales todos debemos responsabilizarnos: ciudadanos, empresas, Estado, todos y juntos si deseamos cambiar las cosas. ¿Cuándo vamos a entender que sin océanos no hay vida?

Un mar de desafíos. Cuando actuar es clave

Ante este panorama, resulta clave el rol y la ayuda de todos. Para empezar, de las empresas que, por relación directa o indirecta, pueden contribuir de diferentes maneras. “A las empresas les cuesta identificar el impacto que pueden generar respecto de los océanos. En general, se percibe que sólo las que están cerca de la costa son las que tienen potencialidad para impactar ese recurso. Pero no es así. Las actividades productivas ya sea por la emisión de efluentes líquidos y gaseosos, como por la generación de residuos sólidos tienen posibilidad de impactar en los océanos. Sería interesante que, analizando los procesos productivos internos, se pueda identificar si la empresa genera un impacto que repercute, identificando su intensidad, en la calidad de los océanos, aún cuando se encuentre a varios kilómetros de distancia de la costa¨, opina María José Alzari.

Hay determinadas empresas cuyo núcleo de negocio está ligado directamente a la problemática, como las del sector turístico o las de la construcción. No obstante, todas independientemente de su sector, pueden tomar medidas para contribuir al ODS 14.En relación a esto, Bruno Monteferri, fundador de la ONG Conservamos por naturaleza,hace referencia al concepto de “responsabilidad extendida al productor”. ¨Son los productores los quetienen queencargarse del futuro del producto, de cómo va a terminar, de la siguiente vida una vez que está en venta¨.

Las empresas, más allá de su actividad, juegan un rol clave en este sentido, ya que deben comenzar a trabajar de manera consciente en pos de favorecer a una gestión de sus actividades, que colaboren con la reducción de la contaminación sobre océanos y mares.

Asimismo, los Estados tienen también tienen un papel decisivo a través de la generación de políticas que promuevan prácticas de pesca sostenibles y ajustando sus actuaciones al derecho y políticas internacionales.

La utilización integral y racional de los recursos oceánicos y el mantenimiento y restablecimiento de las características de su ambiente, así como la repartición equitativa de las ventajas que la utilización de estos recursos producen, deben de ser una de las metas más significativas que la humanidad se fije, para poder continuar desarrollándose dentro de un clima de paz y tranquilidad.

¿Qué podemos hacer? Las líneas de acción apuntan a tratar la problemática de una manera integral.¨Creo que cada actor tiene la responsabilidad de estar informado de lo que produce y consume y tratar de, con cada decisión, ayudar a dejar mejor el mundo en el que vivimos”, opina Bruno, quien también es activista ambiental y lidera las iniciativas Hazla por tu playa y Hazla por tu Ola en Perú.“Creo que, si de manera colectiva hay una toma de conciencia y mayor activismo de parte de los ciudadanos, se pueden lograr cambios estructurales y trascendentales porque lo que necesitamos ahora en el mundo es una verdadera revolución cultural de cómo estamos viviendo y preguntarnos siempre para qué cuando consumimos algo”.

También resulta fundamental concientizar desde el ámbito educativo en todos sus niveles acerca de la importancia de proteger los ecosistemas marinos y costeros.¨En todo este proceso es fundamental y crítico la concientización y la capacitación de los actores no académicos, de forma que la participación social esté basada en la mejor información disponible. Por esta razón, actualmente los esfuerzos de enseñanza están cambiando. La tradicional formación académica de técnicos y gestores está dando lugar, progresivamente, a la capacitación de las comunidades y los tomadores de decisión en forma más equilibrada”, reflexiona Daniel Conde.

¨Un cambio en qué entendemos por desarrollo es indispensable y más que urgente, nuevos paradigmas de consumo y producción son indispensables también¨, agrega María José Alzari.

Otro de los grandes desafíos es poder desarrollar estrategias de alerta y reparación para identificar, contener y remediar accidentes y daños marinos.

¨No hay un manejo adecuado de las costas, el reto es comenzar a darle mayor peso al manejo integrado de las zonas marino costeras, donde los diferentes actores se pongan de acuerdo, se incluyan a los actores locales, vean cuál es el manejo ideal de diferentes lugares a lo largo de la costa y trabajen un plan bien armado para que cuando se tomen decisiones de inversión se sepa cuál es la prioridad en ese lugar”, aporta Bruno Monteferri.

Daniel Conde apunta a trabajar en la realización de proyectos de cooperación, para promover una gestión sostenible en todos los sentidos.¨Para esto es indispensable contemplar las interconexiones de índolefísicobiológica, socioeconómica y administrativa que ocurren en la costa. Es necesario combinar procesos participativos y técnicas como la zonificación, el ordenamiento ambiental del territorio, la valoracióneconómica y la creación de áreas protegidas. La meta es alcanzar un equilibrio entre los usos de la costa, a través de un conjunto de objetivos aceptados por todos los actores involucrados, y destinados a mejorar la calidad de vida de las comunidades y grupos humanos que dependen de los recursos, así como a proteger los ecosistemas costeros”.

Otra de las líneas de trabajo consiste en exigir el desarrollo de políticas para minimizar el impacto negativo sobre los océanos.¨Es importante crear áreas marinas protegidas porque son una herramienta para la conservación de nuestros océanos”, señala la coordinadora de Sin azul no hay verde.

Para lograr todas estas acciones, es imprescindible crear alianzas público privadas con ONG, universidades, el sector público y empresas para realizar proyectos que contribuyan a la mejora de los ecosistemas marinos y costeros.¨La participación social amplia en la planificación, la toma de decisión y la ejecución de los planes de manejo en costas y mares es un principio fundamental para un manejo exitoso. La participación real de los actores en estos procesos facilita el consenso y la reducción de conflictos, crea confianza, promueve la cooperación y construye sentido de propiedad y orgullo local, todo lo que redunda en procesos más exitosos”, dice Daniel Conde.

La utilización integral y racional de los recursos oceánicos así como el restablecimiento y mantenimiento de las características de su ambiente, deben de ser una de las metas más significativas que la humanidad se fije.

Todos necesitamos océanos saludables, por lo tanto debemos cambiar nuestras formas de hacer las cosas. Cambiemos nuestra relación con los océanos, démosle su oportunidad. La decisión está en nuestras manos. Por nuestros océanos, por nosotros, transformemos la realidad y seamos parte de un futuro mejor.


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