Tecnología

Mujeres en ingeniería: creando ecosistemas igualitarios

25 de Enero, 2018 | por Natalia Zlachevsky y Mora Laiño de ISF Argentina
Si vemos una mano agarrando una amoladora o una sierra sensitiva sin poder distinguir de quién es esa mano, la mayoría diría que se trata de un hombre. El uso de herramientas eléctricas parece ser territorio exclusivamente masculino, como así también los laboratorios, las tareas de fuerza o la programación. Sin embargo, no existe ninguna determinación biológica que indique que los hombres son naturalmente más habilidosos que las mujeres para desarrollar este tipo de capacidades. Nos encontramos frente al mundo de la determinación sociocultural.
ISF Argentina

En las últimas décadas se han desarrollado diversos instrumentos internacionales y marcos teóricos para abordar la desigualdad de género que persiste en diferentes contextos. La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, establecida por las Naciones Unidas en 2015, reafirmó el consenso sobre la importancia que reviste la temática en las agendas políticas mundiales. Pero, ¿qué sucede en la práctica en el mundo de la ingeniería? ¿Cómo operan los estereotipos de género?

La preferencia por ciertas carreras universitarias no escapa a la persistencia de condicionamientos impuestos por la sociedad basados en roles asignados a niños y niñas. Según datos aportados en 2013 por la Secretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación de la Nación (Argentina)[1], en carreras vinculadas con las ingenierías, las mujeres representan el 20% de la matrícula universitaria. De ese total, en algunas ingenierías como la electrónica o la mecánica, sólo alcanzan el 6%. La proporción es diametralmente opuesta en carreras de las ciencias sociales, enfermería, magisterio o psicología.

Es notorio que cuando la ingeniería es aplicada a proyectos sociales, los números indican otra realidad. Por mencionar un ejemplo, en Ingeniería Sin Fronteras Argentina, un 50% de los/as voluntarios/as que participan en obras de infraestructura para comunidades en situación de vulnerabilidad social, son mujeres. El hecho de que en proyectos tecnológicos que parten de un enfoque social, la participación de mujeres sea notablemente mayor que en otros contextos, tiene una estrecha relación con un rol tradicionalmente asociado al cuidado y la solidaridad, en donde las mujeres han sido casi confinadas exclusivamente al plano vincular.

Los proyectos de ISF-Ar se caracterizan por la igualdad entre hombres y mujeres en el reparto de tareas, en la toma de decisión, y en el uso de la fuerza y las herramientas, ámbitos en donde por lo general las mujeres están subrepresentadas. La mayoría de las mujeres que participan como voluntarias son estudiantes de ingeniería o ingenieras que ejercen su trabajo rentado en el sector privado y han transitado enormes desigualdades en sus trayectorias académicas y laborales.

Así lo demuestra una encuesta anónima realizada internamente por la organización entre estas mujeres voluntarias al indicar que, cuanto más tiempo participan en proyectos de la organización en los que se promueven relaciones de paridad, más fácilmente logran identificar la discriminación que sufren en otros ámbitos. “Tuve que escuchar en clase a más de un profesor diciendo que las mujeres no servían para la ingeniería”, “En el trabajo muchos te están tomando examen constantemente para ver en dónde pisas el palito”, son algunas de las situaciones que ellas identifican como discriminatorias, vividas en la universidad o en el trabajo. Este mayor nivel de conciencia nos indica que crear ecosistemas igualitarios permite desnaturalizar la desigualdad que persiste en los entornos familiares, culturales, sociales y educativos más próximos.

La participación de las mujeres en tareas asociadas a los hombres repercute no sólo en ellas mismas, sino que genera impacto en los contextos en los que opera. Es necesaria una mirada más alerta y menos ingenua sobre cómo se dan estos procesos asumiendo el desafío de pensar nuevas dinámicas de trabajo que generen contextos más igualitarios. Estos espacios, que logran visibilizar la problemática y facilitar el debate sobre la equidad de género, son necesarios si pretendemos lograr cambios profundos y sostenibles.

*Conocé los proyectos, talleres y actividades de Ingeniería sin fronteras en www.isf-argentina.com

[1] http://portales.educacion.gov.ar/spu/wp-content/blogs.dir/17/files/2015/12/Anuario_2013.pdf


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